
A nuestra celebración de 20 años de existencia se suma un hecho que marcará este año, 2020, y probablemente muchos años más, con unas emociones teñidas de dolor, perplejidad, miedo, tristeza y en definitiva del más profundo sentido de fragilidad: la pandemia de la Covid-19.
Recuerdo que meses antes de la constitución de la Fundación (14 de septiembre de 2000) se celebró una jornada sobre la guerra (2 de julio de 1999), con la mirada puesta en Sarajevo, ciudad que, para la mayoría de ciudadanos europeos, y especialmente para los barceloneses, entró súbitamente en un conflicto bélico de dimensiones terriblemente destructivas.
Las guerras en Palestina y, en general, en Oriente, en los Balcanes, en Afganistán están presentes en el siglo XX y se filtran, de una manera u otra, en este siglo XXI.
Pero justo a finales de 2019, en China, en una ciudad concreta, con casi 15 millones de habitantes, estalla una amenaza que los científicos de la salud pública ya habían advertido: El coronavirus Covid-19.
Dos meses después, aproximadamente, la amenaza se convierte en fenómeno epidemiológico y comienza un recuento macabro de infectados por miles y muertos por cientos.
La fragilidad y la muerte ocupan el escenario y los gobiernos se ponen, de diferentes maneras y en todo el mundo, a dictar medidas para hacerles frente.
Y aquí quiero volver a nuestro 20 aniversario.
Si entendemos la salud mental de una manera amplia, y el conjunto de la entidad me parece que así lo entiende, sabemos que las guerras, la violencia contra las mujeres, la hambruna, la pobreza, la migración forzada, todo aquello que representa la injusticia, la infelicidad y en definitiva el mal tiene unas consecuencias devastadoras en la salud mental de las personas y los grupos.
No es la única causa de malestar, pero sus dimensiones suelen sobrepasar las que provocan otras situaciones, también muy relevantes, como el acoso laboral, los desahucios y muchos otros que conocemos diariamente en cualquier latitud.
Conozco la Fundación desde sus inicios, aunque no siempre he estado directamente implicado en sus múltiples actividades, a parte de los sucesivos congresos, que en este mismo documento se reviven. Y esto se hace buscando precisamente conocer cuál ha sido su efecto social, en la salud y el bienestar, a través de los diferentes grandes temas estudiados y debatidos interdisciplinariamente.
Es un balance de los efectos, de los resultados, de la improvisación que el debate y las propuestas de tantos profesionales producen, o no, en la sociedad y en sus dirigentes políticos, especialmente en relación con la salud mental.
Después de estos veinte años de trabajo, podemos seguir afirmando que las condiciones de vida de las personas, su barrio, su vivienda, sus condiciones de trabajo, su formación, su estructura familiar, en fin, su paisaje vital es una marca muy fuerte para su salud mental..
Durante estos veinte años diversas personas, algunas de las cuales ya no están entre nosotros, han llevado la visión de la Fundación allá donde ha sido posible llegar, y a veces, un poco más allá. Así pues, quiero compartir dos cuestiones para cerrar esta presentación:
La primera, mi un agradecimiento a tu esfuerzo, que nos ha permitido estar aquí hoy.
La segunda, mi deseo de convertir que para mí es un honor incuestionable, presidir la Fundación, en resultados tangibles respecto a consolidar su papel en el ámbito de la salud mental, en estrecha relación con aquellos ámbitos que participan de la influencia en la salud, ampliamente considerada, de las personas.

Dr. Josep Vilajoana i Celaya
Presidente de la Fundación Congreso Catalán de Salud Mental
Barcelona, mayo de 2020
