La situación actual de emergencia sanitaria por el COVID-19 está teniendo un impacto enorme y a distintos niveles. A la incertidumbre de su evolución epidemiológica se añade la inquietud por la situación económica relacionada con el confinamiento aplicado para controlarla y que comporta un cambio radical de hábitos y de formas de relación.
Sí, en otras epidemias anteriores, así como en la pandemia actual en China, se ha comprobado una incidencia considerable de trastornos de ansiedad de diferente intensidad. La preocupación ligada a la propia salud y a la de familiares o amigos puede generar miedo y convertirse en pánico, cuando concurre una pérdida de vínculos sociales y existe un sentimiento de desamparo. Estas vivencias pueden tener un impacto severo en personas vulnerables o cuando se acompañan de duelos por pérdidas súbitas de familiares y sin posibilidad de despedida. Las consecuencias en el equilibrio psíquico pueden ser más duraderas y derivar incluso en trastornos por estrés postraumático.
Las recomendaciones preventivas básicas para minimizar los riesgos son:
- Estar informados a través de canales fiables y contrastados sobre los dispositivos de ayuda, así como sobre la evolución de la pandemia y las medidas preventivas, evitando la sobreexposición continua a las noticias y la conexión permanente a los mensajes de las redes sociales.
- Cuidar las relaciones familiares dentro del hogar y a través de la comunicación telefónica o sistemas en línea con las personas queridas, especialmente aquellas que pueden sentirse más desvalidas.
- Normalizar y contener los sentimientos de inquietud, de frustración y de rabia, gestionándolos a través de rutinas cotidianas alternadas con diálogos constructivos, ejercicios gimnásticos y actividades creativas conocidas o extraídas de la información en internet.
- Cuidar el sueño y practicar la relajación a través de la escucha de música tranquila y la respiración pausada.
Los profesionales sanitarios de primera línea están soportando una presión considerable, que está poniendo a prueba su salud tanto en su vertiente física como mental. Gracias a unos valores éticos sólidos y al apoyo mutuo, pueden ir sosteniendo una labor muy difícil. El reconocimiento de la comunidad es un gran apoyo, que hay que seguir mostrando continuamente.
Asimismo, profesionales de la cura de ancianos, de discapacitados, de personas sin hogar, mediante un gran esfuerzo consiguen mantener la calidad humana de su trabajo. Es necesario garantizar condiciones seguras de trabajo y dar apoyo institucional a una tarea tan importante.
Y no podemos olvidarnos de otras personas a menudo poco valoradas como las trabajadoras de tiendas de comestibles, que sostienen también la vida social en estos momentos críticos y que merecen recibir un buen trato y poder trabajar en condiciones seguras.
Los profesionales de la salud mental y del ámbito social conocemos bien el impacto de situaciones adversas en el psiquismo. Nuestra tarea es la ayuda y asesoramiento a los profesionales de primera línea y la asistencia en condiciones complicadas a los pacientes con problemas mentales. Las tecnologías digitales han abierto posibilidades de cuidado a bastantes de estos pacientes, que ahora pueden ser de gran utilidad.
La FCCSM siempre ha tenido una visión preventiva, interdisciplinaria y comunitaria de la salud mental. En los momentos actuales es más importante que nunca ayudar a protegerla y dar esperanza para no llegar emocionalmente exhaustas al final de la fase aguda de la pandemia. De esta manera se podrá defender activamente con argumentos contrastados la reorientación del modelo socioeconómico y cultural actual hacia el cuidado de las necesidades de las personas y al desarrollo de sus potencialidades en la línea de la definición de la salud mental que propone la OMS..
