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“Lo que está pasando en el Mediterráneo no es un drama ni una tragedia. Es un crimen perfectamente evitable.”

 

Este mes de octubre has estado en el Mediterráneo Central a bordo del Astral de Open Arms. ¿Cómo es la situación allí?

Es muy difícil. Este 2016 está resultando muy mortífero. La Organización Internacional para las Migraciones calcula que, en esta ruta, han fallecido 4.377 personas en lo que va de año y unas 6.000 en todo el Mediterráneo. La travesía desde la costa libia es extremadamente peligrosa: las embarcaciones son muy precarias, generalmente inflables, pero también hay enormes barcazas de madera muy inestables; van sobrecargadas, la gente no lleva chalecos salvavidas y no llevan agua ni comida. Tienen apenas combustible suficiente para llegar a la zona de rescate, es decir, a 12 millas de la costa, donde terminan las aguas territoriales de Libia y donde operan las diversas organizaciones de ayuda humanitaria de la zona, que, por otra parte, están desbordadas. Durante el mes de octubre se rescató a tres veces más personas que en octubre de 2015. También hay que recordar que la UE no ha puesto en marcha ninguna operación de rescate. Las dos operaciones militares en la zona, Triton y Sophia, tienen como objetivo combatir a las mafias de tráfico de personas y controlar las fronteras; no son operaciones de rescate, aunque los buques de guerra desplegados en la zona sí intervienen en casos de emergencia. Todas estas muertes son evitables y son el resultado de las absurdas políticas de la Unión Europea, que erigen muros invisibles en medio del mar. Así es como la UE gestiona este éxodo: dejando que la gente muera. Por eso lo que está ocurriendo en el Mediterráneo no es un drama, ni una tragedia. Es un crimen perfectamente evitable.

¿Cuál es la situación de la gente?

Llegan mayoritariamente de países africanos como Eritrea, Nigeria, Costa de Marfil, la República Centroafricana... Son gente que ha sufrido muchísimo en la travesía para llegar a Libia y que, una vez allí, está sometida a continuos abusos y maltratos de todo tipo. Los explotan laboralmente antes de que puedan embarcarse, los maltratan a golpes y las mujeres son sistemáticamente violadas. Los testimonios de la gente que llega son desgarradores.

Es una situación muy diferente a la de las islas griegas, como Lesbos, ¿donde tú también has estado?

La travesía del Egeo es menos peligrosa porque es más corta. Por ejemplo, desde el norte de Lesbos hasta Turquía solo hay diez kilómetros. Ha habido muchos naufragios allí y ha habido víctimas mortales, pero en Libia estamos hablando de un desierto marítimo, una travesía de casi 300 millas. Solo en 2015, 850 000 personas cruzaron el Egeo. Es una locura. Lo peor es que, una vez en Europa, la situación que les espera es deplorable. En este momento hay alrededor de 60 000 personas atrapadas en campamentos improvisados controlados por el ejército en Grecia. Las condiciones en las que viven constituyen una violación flagrante de los derechos humanos: en muchas de estas instalaciones no hay escuelas ni servicios médicos, y la información jurídica para quienes desean solicitar asilo es escasa o inexistente. La incertidumbre los está matando y debemos tener presente que estamos hablando de personas que han tenido que dejarlo todo atrás para sobrevivir. Huyen de la guerra, no emigran para mejorar sus vidas, sino para salvarlas. Acumulan traumas que se ven enormemente agravados por estas condiciones degradantes e inhumanas a las que se ven sometidos.

Y en las islas, ¿cuál es la situación?

A raíz de la firma del acuerdo vergonzoso e ignominioso suscrito entre la Unión Europea y Turquía, se ha contenido muchísimo la ruta del Egeo. Continúan llegando personas que salen desde Turquía, pero ni mucho menos como el año pasado, en que en un solo día podían desembarcar en Lesbos 8.000 personas. Ahora hay unas 16.000 personas detenidas en los centros de las islas griegas: no pueden continuar hacia el continente y algunas ya han sido deportadas hacia Turquía. La situación allí es mucho más dura aún que en los campamentos de Atenas o Salónica.

Acabas de publicar un libro sobre Lesbos.

Sí, se llama “Lesbos, a corazón abierto” y los derechos de autor están cedidos a Open Arms. Básicamente, es un libro vivencial donde explico en primera persona todo lo que vi y viví en la isla de Lesbos el año pasado mientras rodábamos el documental “To Kyma. Rescate en el mar Egeo” que visibilizó la situación de la isla y la importantísima labor de voluntarios para dar apoyo a toda la gente que llegaba. Los voluntarios han hecho mucho más que los 28 estados de la Unión Europea durante este tiempo y el libro es un reflejo de esta verdad.