DECLARACIÓN DEL FCCSM:
“POR UNA SALIDA DIGNA DE LA CRISIS”

 

Barcelona, julio de 2011

Consideraciones Previas

Empieza a ser ampliamente admitido y reconocido que la crisis económica y social de carácter global, ha sido el resultado de la especulación financiera, favorecida por la política de desregulación de los mecanismos públicos de control a nivel de las instancias estatales e internacionales.
La ideología del mercado y de la libre concurrencia, con el concurso de la hegemonía, introducida a todos los niveles, del pensamiento biomédico excluyente, ha convertido la Salud en un artículo de consumo y ha favorecido una tendencia a la “medicalización de la vida”.
El proceso de instauración de la democracia en España permitió impulsar una Reforma Psiquiátrica que, desde la impugnación del modelo asilar manicomial, y superando la asistencia psiquiátrica anterior dependiente de las Diputaciones provinciales, así como de las consultas ambulatorias de neuropsiquiatría del ICS y de los servicios de psiquiatría de algún hospital general, nos llevó a un nuevo paradigma de orientación comunitaria, estructurado como una red de servicios de salud mental “de uso público”, territorializada. Red que a pesar de los incrementos de su presupuesto en los últimos tiempos, nunca ha llegado a alcanzar una financiación equitativa a la del resto de la Salud y desde la cual los equipos profesionales han tendido a prestar una atención en continuidad terapéutica, preferentemente a enfermos mentales graves.

Evolución y actualidad de la red de salud mental

Después de la contestación antipsiquiátrica, de la perspectiva personalizadora psicoanalítica y de la aportación de la psicofarmacología, el nuevo modelo impulsado desde el movimiento progresista de profesionales ha promovido en el curso de las últimas décadas una profunda transformación de lo que pasó a denominarse atención de las enfermedades mentales por su voluntad asistencial, terapéutica y rehabilitadora.
Desde hace años, los datos epidemiológicos indican un crecimiento importante de la morbilidad y de la discapacidad derivada de los trastornos psiquiátricos. La depresión, segunda causa de discapacidad en el año 2014, se prevé que sea la segunda causa de enfermedad en el año 2020, después de la cardiopatía isquémica. El suicidio es la segunda causa de mortalidad entre los jóvenes. Un tercio de la población se verá afectada por un trastorno psiquiátrico en el curso del año. La OMS también señala que dos terceras partes de
afectados por un trastorno mental no llegan a pedir ayuda a un profesional sanitario.

El Plan Director de Salud Mental y Adicciones (2006), fruto de un amplio consenso, sobre todo dentro del movimiento de profesionales de la red pública, ha alcanzado una fundamentación teórico-técnica y unas propuestas organizativas y funcionales que han representado un salto muy importante en la calidad de la atención. Este Plan, informado desde el Consejo Asesor del mismo PDSMiAd y aprobado por la Conselleria de Salut, haciendo eco de la grave información epidemiológica y de morbilidad psiquiátrica, hizo de ello uno de los factores justificativos importantes de su promulgación. Circunstancias epidemiológicas introductorias que también se encuentran tanto en la declaración de Helsinki (2005) de los ministros de Salud de la UE, como en el documento sobre ”Las estrategias de salud mental del Servicio Nacional de Salud de España”, elaborado por el Ministerio de Sanidad y aprobado y asumido por las consellerias de salud de las comunidades autónomas.
En este sentido, es importante recordar algunas de las recomendaciones y propuestas más importantes recogidas en estos documentos:

  1. Necesidad de promoción y mejora de la salud mental en todos los países de la UE.
  2. La importancia y naturaleza de la problemática requiere un abordaje desde
    las políticas públicas.
  3. La atención primaria debe constituir la puerta de entrada y el nivel responsable de
    la gestión y seguimiento clínico de los enfermos.
  4. Una lucha decidida contra la estigmatización de los enfermos mentales.
  5. Se recomienda una formación de los profesionales de la salud mental adaptada a
    la orientación comunitaria.
  6. Se debe apoyar y promover el ’empoderamiento” de los usuarios y familiares.

Por otra parte, y como era de esperar, la prestación de asistencia en el ámbito comunitario y la cobertura territorial y psicológica (¡además del impulso del consumismo del mercado sanitario!) han dado lugar a un aumento gradual de la demanda, que se está volviendo más compleja y más repetitiva en cuanto al número de visitas. Una complejidad que ha puesto de relieve y reiterado la naturaleza biopsicosocial de los trastornos y el sufrimiento psiquiátricos, lo que, en consecuencia, exige un consenso sobre un modelo de atención integral y de alta complejidad, en el que (de acuerdo con las propuestas del PDSMiAd) se dé prioridad a la prevención, la orientación comunitaria, la práctica demostrable y la “evidencia científica”. Este último requisito, del que la proliferación de guías clínicas, inspiradas en gran medida en la clasificación diagnóstica de las enfermedades mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), es un buen ejemplo; clasificaciones y diagnósticos promovidos desde una perspectiva biomédica y favorecidos y patrocinados por la industria farmacéutica. Esto fomenta una contradicción entre la conciencia de la complejidad de los problemas y la correspondiente necesidad de una respuesta compleja, y el reduccionismo con el que a menudo se aplican las guías y los protocolos.

Resoluciones ante la crisis

Pedimos detener los recortes y avanzar en la mejora de la red pública de salud mental, hacer frente al incremento reconocido de la morbilidad psiquiátrica, colaborar en la atención de los sufrimientos psicológicos de la población y tomar medidas para racionalizar el todavía deficiente presupuesto destinado hasta ahora a la salud mental. Para ello, consideramos que es necesario:

  1. Vencer y superar las resistencias políticas, ideológicas y teóricas que frenan y obstaculizan el avance de un modelo público de salud mental centrado en la persona, equitativo y de calidad.
  2. Di no a los recortes (“Injustos, ineficaces e inapropiados”: ¡Cambiemos Europa! Manifiesto europeo contra la política anticrisis neoliberal) y sí a la revisión al alza de la tributación de las rentas altas. Reforma de la política fiscal con persecución seria del fraude fiscal.
    Información por parte de la administración, del alcance real de los eventuales recortes.
  3. Decir no a la reducción presupuestaria en salud mental, lo cual podría representar una versión de aquello de “socializar las pérdidas (en el caso de la salud) y privatizar las ganancias”. Todo esto teniendo en cuenta el bajo porcentaje histórico que representa el presupuesto destinado a la salud mental dentro del presupuesto general de Salud.
  4. Rechazar la privatización de entidades y servicios. La red de salud mental, por razones técnicas, de eficiencia y justicia, debe ser de uso y de gestión pública y orientada al bien común de la salud de la totalidad de los ciudadanos.
  5. Restablecimiento de la persona, como ser bio-psico-social, como sujeto del conocimiento y de la atención. Revisión crítica del modelo biomédico como método privilegiado y excluyente de estudio, clasificación diagnóstica y tratamiento de los problemas psicológicos y psiquiátricos.
  6. Aumento del porcentaje destinado a salud mental dentro del presupuesto sanitario.
  7. Reducción porcentual sensible del presupuesto destinado a la hospitalización psiquiátrica.
  8. Disminución del gasto derivado del alto consumo de psicofármacos (¡no siempre indicado, los antidepresivos!).
  9. Fundamentación de la asistencia según la conceptualización de la Función Psicoterapéutica. Progresiva instauración de las intervenciones psicoterapéuticas indicadas desde el Programa de Psicoterapia en la red pública de Salud Mental y Adicciones, en la Atención Primaria de Salud y en la red especializada de Salud Mental.
    Ampliación de las técnicas específicas de psicoterapia.
    Supervisión y apoyo de los equipos terapéuticos, tanto a nivel de atención primaria como especializada.
  10. Corregir la tendencia a un adelgazamiento de la Administración y a una desregulación en la provisión y normativas de los servicios.
    Mejora y fortalecimiento de los órganos de planificación, dirección y gestión, superando las tendencias hospitalocéntricas y reconociendo normativa y materialmente a la atención primaria el carácter de centro de referencia y gestión en el seguimiento de los procesos médico-administrativos y terapéuticos.
  11. Defender y mejorar la gestión y funcionamiento de los servicios, según los principios de la territorialización, de unos sectores geodemográficos de atención asumibles por los equipos profesionales y al alcance de la población. Velando por la asignación de suficientes recursos materiales y administrativos, así como de una coordinación y supervisión que haga posible un buen funcionamiento de la red de salud mental según los principios de atención integral, orientación comunitaria y planteamiento asertivos recogidos en el PDSMiAd.
  12. Avanzar en la instauración y mejora de los órganos de asesoramiento y participación de los usuarios, familiares y ciudadanos.

Finalmente, proponemos la constitución de una mesa con la representación de los diferentes sectores implicados, para la discusión, elaboración y consenso de medidas responsables ante la situación de crisis planteada.

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