
En el vigésimo aniversario de la Fundación Congreso Catalán de Salud Mental
Desde que nació la Fundación, la atención a la salud mental y las adicciones ha experimentado un progreso extraordinario en nuestro país. Es cierto que, al menos desde los años 80, y especialmente desde la integración en el sistema nacional de salud en 1990, se habían sentado las bases del cambio, pero es durante este siglo cuando se han dado los pasos más decisivos en la apuesta por el modelo de atención comunitaria y por la mejora significativa de los servicios y la dignificación de los profesionales.
Sin embargo, debido en parte a la complejidad de nuestro sistema de prestación de servicios y, en parte, a las dificultades en la gestión operativa del proceso, este crecimiento se ha producido de manera heterogénea desde el punto de vista de la oferta y, en particular, en lo que respecta a las prácticas asistenciales subyacentes. La falta de una perspectiva compartida en toda la red que entienda la dinámica salud-enfermedad como multifactorial y sitúe a la persona como sujeto y no meramente como objeto de la atención es una lacra que retrasa el desarrollo de la salud mental en la población y empobrece el sistema sanitario en su conjunto. Y no se trata de la existencia de diferencias. Necesitamos perspectivas diferentes, desde diversos ángulos de conocimiento. Y también necesitamos enfoques profesionales diferentes para intentar abordar la totalidad de la persona. Y sin olvidar, cada vez más evidente, la propia perspectiva de la persona y su papel activo en el tratamiento. La respuesta reside, por tanto, en la capacidad de síntesis, en la integralidad y en la integración.
Hoy, el gran cambio está, justamente, en la integración de todas las miradas y en la centralidad de la persona afectada. Un cambio que nos obligará a generar y gestionar relaciones basadas en decisiones compartidas, cuestionando los viejos esquemas de valores en los que se ha basado la relación terapéutica. Necesitamos nuevos enfoques en las declinaciones que debemos hacer entre el respeto a la autonomía y la finalidad -irrenunciable- de evitar el daño y de procurar el bien, siempre teniendo en cuenta el principio de justicia.
La Fundación, dentro de la cual tuve el placer de colaborar durante los primeros tiempos, representa claramente esta posición. Optando por la interdisciplinariedad, trabajando a la vez institucionalmente y de manera directa con los profesionales y sus asociaciones, abriendo la mente a las consecuencias para la salud mental de los problemas sociales de nuestro tiempo.
Este aniversario cae precisamente en medio de esta brutal pandemia causada por el SARS-CoV-2, con la que hemos aprendido que, también colectivamente, somos vulnerables e interdependientes. Y que la aparente colisión entre la libertad individual y el interés colectivo, debe analizarse desde la óptica de la responsabilidad y la solidaridad.
Tenemos mucho trabajo. Y, además, los problemas de salud mental aumentarán.
¡Los felicito por el camino recorrido y les deseo un muy buen trabajo para los próximos 20 años!
Josep Ramos Montes
Barcelona, 14 de mayo de 2010
