MANIFIESTO POR LA DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS DE LOS NIÑOS, NIÑAS, ADOLESCENTES Y JÓVENES MIGRANTES Y DE LA PROTECCIÓN DE LA VIDA FAMILIAR.
Iniciativa surgida en el marco del 6º Congreso Catalán de Salud Mental
Barcelona, julio de 2018 (revisión 2/2019)
Como profesionales de la salud y del ámbito social consideramos que debemos posicionarnos ante la grave problemática que sufren muchos adolescentes y jóvenes migrantes. Tanto la falta de adecuadas políticas de acogida de los adolescentes y jóvenes migrantes no acompañados como las crecientes restricciones a la vida familiar de los migrantes menores de edad, confluyen de manera muy negativa en el contexto social actual. Por eso, no podemos permanecer callados ante la grave violación de los derechos de las familias inmigrantes no tan solo por el enorme sufrimiento humano que genera, sino también porque se derivan graves repercusiones sobre su salud física y emocional.
Existe un amplio conocimiento sobre los efectos negativos del hecho migratorio en las personas menores de edad en contextos sociales adversos, que pueden haber sufrido reacciones traumáticas en su lugar de origen, y que quedan expuestas a una retraumatización en los lugares de tránsito o de llegada. Sabemos que la ruptura y desestabilización de las familias constituye uno de los factores de riesgo más relevantes desde la perspectiva de la salud psicosocial.
Les dificultats dels adolescents i joves migrants no acompanyats són especialment greus, atès l’augment d’arribades i al fet que la seva problemàtica sol ser gestionada més com un problema de seguretat, quan és l’escassetat i la inadequació de recursos inclusius i de suport, la causa determinant que els exposa a la violència i provoca el seu malestar emocional. No es pot obviar el risc que pateixen també els «insuficientment acompanyats» com els que conviuen amb altres adults que en tenen una cura deficient, així com els reagrupats amb germans majors d’edat, que es troben en situació d’exclusió. I en el cas dels adolescents i joves migrants és important alertar que la seva situació acostuma a ser encara més difícil, en anar lligada a la seva invisibilització.
Ante estas realidades debemos subrayar que si la emigración de los adolescentes y jóvenes se da en condiciones adecuadas y con la protección de la familia o de otras estructuras relacionales de acogida, se pueden minimizar los riesgos y sentar las bases de un buen desarrollo psicosocial.
Existe una amplia legislación a nivel internacional sobre los derechos de los emigrantes y refugiados. La Convención sobre los Derechos del Niño de 1989 fue ratificada por el Estado Español en 1990 y es de cumplimiento obligatorio. Se posiciona de forma diáfana sobre la protección y el respeto de los niños, adolescentes y jóvenes como agentes activos. Defiende como derechos inalienables el reagrupamiento familiar, la educación, la atención sanitaria, la protección frente a la violencia y el rechazo a la detención. En la práctica, sin embargo, siguen existiendo prejuicios y resistencias para aplicar la legislación de forma clara e invertir recursos para su cumplimiento. Consideramos que la tendencia a la restricción de la vida familiar de los inmigrantes no es casual, sino que forma parte de otras medidas restrictivas de los derechos de los inmigrantes.
Como profesionales de la salud y del ámbito social reclamamos:
- El despliegue de recursos de apoyo e inclusión necesarios para niños, niñas, adolescentes y jóvenes migrantes basado en la aplicación de la Convención sobre los derechos del niño, teniendo en cuenta los derechos de reagrupación y el cuidado del ámbito familiar.
- Recollir com a dret per als nens, nenes, adolescents i joves migrants no acompanyats la figura del «retorn voluntari temporal» per tal de poder visitar i/o reconectar amb la família d’origen.
- En cuanto a la atención a la salud mental, es importante tener presente la idea de que, para atender al sufrimiento de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes migrantes, es necesario evitar categorizarlo bajo etiquetas psicopatológicas rígidas, y partiendo de la escucha de los relatos biográficos y de la expresión de las necesidades, establecer modelos de intervención constructivos e integradores, que tengan en cuenta la dimensión social y política.
