El 13 de març de 2025 s’ha celebrat a la Biblioteca Josefina Castellví de Bon Pastor, la jornada Àgora «Abordant el Professionalisme» coorganizada por el Fòrum Català d’Atenció Primària (FoCAP), la Asociación Catalana de Profesionales de Salud Mental – AEN Catalunya (ACPSM), y la Fundación Congreso Catalán de Salud Mental.

Estos espacios de Ágoras del FOCAP se iniciaron en 2021, desde 2022 nos incorporamos, L’Asociación Catalana de Profesionales de la Salud Mental (AEN-Catalunya) y la Fundació Congrés Català de Salut Mental (FCCSM), en cada edición, las Jornadas analizan algunos de los temas de máximo interés sobre la atención a la salud mental.

Como todas las Ágoras, fue un diálogo compartido entre las diferentes voces y maneras de entender los retos y las dificultades que atraviesan hoy el profesionalismo dentro del marco cultural actual y bajo los efectos de la época. El encuentro contó con las vivencias de los agentes principales, esta vez los propios profesionales del ámbito sanitario y educativo.

El Ágora se estructuró en 2 mesas que continuaron con un amplio debate entre las ponentes y los profesionales asistentes.

El acto comenzó con la presentación de Montse Esquerda, quien planteó que los grandes y rápidos cambios sociales de las últimas décadas nos llevan a una desorientación personal donde se impone la pregunta “¿quién soy yo?” y “¿qué papel juego aquí?”, recordando un fragmento del libro “Alicia en el país de las maravillas”. Respecto al contexto sanitario, planteó los tres ejes en los que se sustenta la relación de confianza: la primera, relacionada con la pregunta “¿a quién llamo?” o “¿es la puerta correcta?”. La segunda, la confianza en que los profesionales que atienden tienen competencias para aquello que practican y atienden. Y la tercera, sobre los valores de la profesión que se ejerce (por ejemplo, la confidencialidad). Si se pierde este valor, se pierde la confianza.

Para abordar las tensiones que afectan actualmente al profesionalismo, es necesario reconocer que está compuesto por dos tipos de contratos: uno implícito (¿qué se espera socialmente de los profesionales, por ejemplo, los sanitarios?) y otro explícito (condiciones laborales y contractuales para ejercerlo). Ahora existe un desajuste entre los dos contratos sociales, situándonos más en el reclamo del contrato social explícito. La propuesta para abordar este desajuste y hacer más equilibrada la relación entre los dos contratos sociales sería: flexibilidad, autonomía profesional y equipo.

Se continuó con la intervención de Esther Francisco, quien relató su experiencia personal de cambio profesional, de médica de cuidados intensivos a psiquiatra infantil, y la elección consciente de la profesión que ahora ejerce, que “me hace feliz y la necesito para mí. Es una relación mía con lo que yo quiero hacer”. Ser consciente de que lo que le gusta es sentir y construir historias de los jóvenes, es uno de los aspectos principales para elegir su profesión.

Begonya Gasch compartió su punto de vista desde su experiencia como directora de El Llindar centrándose en cuatro ejes: 1. Entender que el malestar forma parte de nuestro trabajo y es estructural. Reconocer esta parte es una forma de cuidar al profesional; 2. Tener en cuenta las dificultades (“lo que no va”) dado que los obstáculos también forman parte del trabajo, son el punto de partida del trabajo; 3. Dejar caer la idealización de la organización, siendo conscientes de que no lo sabemos todo. Aceptar nuestra ignorancia porque el ideal del saberlo-todo cierra puertas; y 4. Tener muy presente que la palabra cura y la conversación nos pone a trabajar.

El malestar profesional está ahí y debemos hacernos cargo de él, pero, ¿nos quedamos como víctimas o pensamos que hay un futuro que debemos construir? Si no se atiende la angustia y la soledad que aparecen en el oficio, el escenario pueden ser expulsiones, castigos, bajas laborales…

En la segunda mesa, en la que se compartían experiencias de buenas prácticas desde el ámbito docente, el de AP y el de salud mental, Victoria Vicente, explicó una experiencia llevada a cabo en Sabadell, donde partiendo de una demanda del ayuntamiento se reunieron profesionales de salud mental, educación y sanidad para abordar colaborativamente los problemas que presentaban niños y adolescentes. El encargo se fue cumpliendo a partir de la reflexión de los casos difíciles, los casos se trabajaban entre todos los miembros del grupo con el objetivo de crear vínculo con el paciente sin patologizar.

Se señaló que una buena práctica es una apuesta que solo se conoce si resulta buena en un futuro e implica interés genuino de profesionales de diferentes ámbitos con relaciones horizontales.

Clàudia Cardoner y Marta Florensa, enfermera y trabajadora social del CAP Larrard, explicaron cómo, a petición de un grupo de la población de la mesa comunitaria en la que participan, elaboraron un protocolo de atención a las personas sin hogar del Distrito de Gràcia. “Nosotros siempre las hemos atendido pero tener un protocolo cambia nuestra mirada y hace visibles a estas personas”.

Finalmente, Domi Viñas, vecina del barrio en el que estábamos haciendo el ágora, transmitió la experiencia de la creación de un Instituto escuela insertado en la comunidad, creado con muchas complicaciones y en el que la mirada común entre docentes y profesionales de la salud generó una dinámica muy positiva y, por primera vez, permitió que los jóvenes se escolarizaran en el mismo Bon Pastor y que hubiera futuro para la infancia y la adolescencia en el barrio. Nos hizo reflexionar sobre cómo a veces las buenas prácticas exitosas terminan y “volvemos a la casilla de salida” y por qué se dan estas dificultades de hacer “sistema”.

Para finalizar, recopilamos, a modo de guiones, algunos de los temas-preguntas que surgieron en el debate y que nos parecen relevantes y complementan el resumen hecho de las intervenciones:

  • Para responder sobre qué autonomía tenemos como profesionales en el ejercicio de nuestra profesión, se plantea valorar el equilibrio entre el contrato implícito y el explícito que cada profesional tiene, y considerar que los obstáculos y malestares son los puntos de partida para ser constructivos y construir futuro.
  • Equilibrar el desajuste entre el contrato implícito y el explícito implica reconocer la autonomía profesional y del equipo, así como la flexibilidad.
  • Podemos hablar de desencanto y falta de ilusión en nuestros entornos profesionales. El deseo que se pone en juego como profesionales se contrapone a la imposición de los valores del gerencialismo. Tenemos que poner la subjetividad y/o el deseo en juego, pero teniendo en cuenta que no todo puede ser deseo en la configuración de nuestra tarea como profesionales.
  • ¿Cómo abordar el malestar de los profesionales? Los malestares que no se trabajan circulan por la organización, se contagian y dificultan el trabajo. Por ello, la importancia de trabajarlos en equipo y con la palabra para transformarlos en futuro. Reconocer que hay posibilidades de mejora en los sueldos, las financiaciones, los recursos... pero no es solo este el origen del malestar profesional y hay que abordarlo para trabajar, para construir.
  • La importancia del acompañamiento interprofesional en la generación de buenas prácticas y en el éxito y mantenimiento de las mismas. No a las relaciones jerárquicas y a la mera coordinación y sí a la colaboración y a los procesos colaborativos para definir buenas prácticas. Compartir la experiencia para construir y sin situarse en el individualismo y el “ser experto en...”. los casos se trabajan entre todos los miembros del grupo y con el objetivo de crear vínculo con el paciente sin patologizar.
  • Los tres ejemplos de buenas prácticas, expuestos en esta ágora, emergen y parten de un encargo que es acogido por unos profesionales propios e individuales que decidan asumirlo. Es un error pensar que esta buena práctica puede funcionar para todos, para todo el sistema. Debemos plantearnos cómo sostener lo singular y no querer generalizarlo, así como mantener aquellas buenas prácticas que han demostrado su valor.
  • La elección de la profesión es un acto muy íntimo y personal, a pesar de la importancia de lo colectivo (equipos, espacios interprofesionales) para sostener esta elección. Esto nos lleva a preguntarnos cómo colaboramos para sostener el deseo de los profesionales y cómo incorporamos a los nuevos profesionales en este deseo.

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