Un buen hombre bueno

Jordi Gol escribió: “Que la reflexión y el debate constituyan aportaciones a los esfuerzos de un cultivo apasionado. El hombre de la tierra cuando siembra, sueña la cosecha, y su sueño la provoca, porque da fuerza al brazo del sembrador… Salud quizás equivalga a un vivir bien.”

En Pep era este buen hombre bueno de la tierra.

Un buen padre siempre atento y con la mano tendida en la calma y en la adversidad. Un buen abuelo que agachaba la cabeza para hablar con sus nietos. Liber, un buen compañero. Un buen amigo.

Un buen médico psiquiatra psicoanalista que un día abrió las puertas de un manicomio para dejar ir a los enfermos y devolverles la dignidad.

Un buen hombre de bien que nunca volvía de ningún sitio ni de nada. Siempre adelante, paso firme, seduciéndote y acompañándote para hacer realidad aquel proyecto, aquella idea, aquel sueño. Nunca un no por respuesta, un imposible, un no podrá ser. Siempre un vamos, un sueño, un hagámoslo. Un ¿por qué no?

Un buen hombre, bueno, justo, pacífico, comprometido, indignado, valiente, a quien le gustaba conversar, debatir, que te escuchaba y a quien te gustaba escuchar, y que siempre, hasta el final, sintió profundamente cualquier injusticia cometida contra cualquier persona en cualquier lugar. Alguien dijo que esa era la cualidad más hermosa de un revolucionario.

¿Y quién no querría a un hombre así? ¿Y quién no quiere a un hombre como él siempre a su lado para recorrer el camino?

Dicen que no se sabe a dónde vamos cuando morimos. Pero nosotros, Pep, sabemos dónde estás y, estando ahí, nos seguirás haciendo mejores y quizás, con el tiempo, podremos llegar a ser un poco más como tú, un poco más buenos hombres buenos.

¡Hola, Pep!

Manel Anoro
Septiembre 2013