angels_vives1Buenos días.

Tengo el honor de abrir un turno de palabras que quiere recordar a nuestro querido Pep. Este encuentro está presidido por un espíritu común. Por una necesidad que hemos aplazado hasta hoy, en consideración a encontrar el momento oportuno para que la familia esté preparada para volver a oír las voces de los amigos y compañeros que le echamos de menos.

La necesidad, hoy, es la de encontrar en la experiencia compartida con Pep un lugar de consulta, de inspiración, de vitalidad y de reposo, de consuelo ante la dificultad del momento que vivimos. De la necesidad que su ausencia abra un lugar para la referencia. Por ejemplaridad.
Desde el año 1979 que conocí a Josep Clusa en el Servicio de Psiquiatría del Hospital de Sant Pau y en el Instituto Mental de la Santa Creu, ha sido un referente para mí. Un referente para muchos de los compañeros y amigos que hoy están aquí, reunidos en torno a la experiencia de haberlo conocido.
Cuando inicié mi formación en el “Mental”, como le decíamos al Instituto Mental de la Santa Creu, necesité un tiempo para entender muchas de las cosas que sucedían allí dentro. Una de ellas era, en una entrevista en la que yo estaba como observadora, descifrar su rostro interesado y “asombrado” ante la comunicación de un paciente que le explicaba lo que yo entendía como un “delirio”. Tenía la impresión de que me perdía algo. El paciente llevaba allí como 15, 20 o 30 años, pero en Pep tenía la capacidad de escucharlo con un interés nuevo y como si por primera vez, el paciente estuviera comunicando algo que le estaba sucediendo. Necesité un tiempo para aprender a quitarme los tics psiquiátricos y a dejarme asombrar por cada paciente. Por eso será mi maestro.
Después lo seguí, un tiempo, en su labor como responsable en la coordinación del equipo de Santa Cecilia (un pabellón de mujeres). Y después para conocer sus intereses musicales y artísticos en relación a la recuperación de los pacientes. Recuerdo que me presentó ceremoniosamente al maestro Udina, pianista y compositor, ingresado en el Mental hacía ya muchos años y al que en Pep miraba para que pudiera tener un piano en condiciones para poder tocar. El maestro Udina un tiempo más tarde compuso una canción de cuna para mi hijo y se la dedicó.
Y después lo observé en las controversias políticas del momento. La reivindicación de una red de SM por la que luchó. Asambleas en el Mental, en el hospital de Sant Pau, sus criterios de política institucional. En las sesiones clínicas aprendí a observar cómo él construía y desarrollaba su criterio técnico. Estas son algunas de las cosas que aprendí de él.
Unos años después nos reencontramos en la Sección de Psiquiatras del Colegio de Médicos. Él estaba como presidente y, cuando finalizó, me propuso para la presidencia de la sección. Y me ayudó, abrió los contactos con el presidente del Colegio, con el secretario, siempre tan cuidadoso. Y tiempo después, cuando propuse al Colegio de Médicos la idea del Primer Congreso Catalán de SM y que detrás podía quedar una estructura como la Fundación, al pie del ascensor, me preguntó qué nombre tendría. Yo le dije balbuceando: "No sé... se llamaría Fundación de Salud Mental", y él me dijo: "...como ahora el Congreso de Cultura Catalana...". como ahora Fundación Congreso Catalán ... de SM. Sí, sí. Eso. Eso fue en el año 1997 o 1999.
Y la Fundación, que no hubiera sido posible sin el trabajo de muchos, ahora cumplirá 15 años. Pep estuvo ocho años como Presidente, antes y después que yo. Este relevo en tantos momentos, este estar cerca, me hace especialmente viva su presencia, su semilla. Reconozco aquí compañeros de cada época, de cada momento, de cada etapa. Con todos vosotros hemos caminado
Y tú Pep seguirás trabajando infatigablemente. Y seguirás aportando generosamente tus ideas, tu tiempo, tus conexiones personales, cuidándolas. Propiciando encuentro. Catalizando pensamiento. No imponiendo.
A ver si seremos capaces de seguir aprendiendo de ti.