Hablar de la Fundació Congrés Català de Salut Mental implica hablar de un compromiso con las personas que es fruto de una manera muy concreta de entender la salud mental como una premisa ineludible de la vida digna y como una reivindicación que va más allá de las condiciones materiales porque se concibe, sobre todo, como un derecho que tenemos todos los seres humanos.

Y es desde aquí que se debe entender el compromiso de la Fundación con las personas que viven situaciones de opresión e injusticia como las que sufren las personas que viven en la franja de Gaza, donde la desesperanza, el miedo, la miseria y la extrema violencia del bloqueo israelí han provocado un daño irreparable en la salud mental de generaciones enteras, como muy bien explicaba el admirado psiquiatra palestino Eyad el Sarraj en el documental En la mente de Gaza, producido por la Fundación y que tuve el privilegio de codirigir junto con el realizador Carles de la Encarnación en el año 2009.

Solo desde esta concepción transgresora de la salud mental como derecho se puede entender que la Fundación haya dedicado uno de sus congresos bianuales a un tema tan intrínsecamente humano como las migraciones y elexilio, en un momento en que la Unión Europea y sus Estados miembros se embarcaban de forma descarada y salvaje en la construcción de una fortaleza que ha convertido el mar Mediterráneo en la frontera más mortífera del planeta. Y solo desde este punto de vista inequívocamente humano se puede entender que la Fundación haya liderado una iniciativa como el recurso judicial presentado ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, impugnando el ignominioso acuerdo firmado por la UE, junto con la canciller Angela Merkel, con Turquía para militarizar la costa turca e impedir que las personas se desplacen hacia Europa. Fueron meses de intenso trabajo junto a organizaciones como la Asociación Catalana de Abogados Demócratas y Lafede.cat para promover la justicia global y, también, para hacer efectivo el derecho de las personas organizadas a hacer lo que creemos que debemos hacer desde el compromiso con una vida digna y los derechos humanos. Cualquier otra cosa sería condenarnos a lidiar con la impotencia desde la posición privilegiada que ocupamos por pura injusticia.

Arantza Diez, periodista