Albert Mariné. Miembro del Consejo de la FCCSM

SALUD MENTAL Y SOCIEDAD EN UN CONTEXTO DE CRISIS:
PERSPECTIVAS, OPORTUNIDADES Y PROPUESTAS.
MEMORIAL JORDI GOL – HOMENAJE A ROSER PÉREZ SIMÓ
Barcelona, 6, 7 y 8 de junio de 2013

Este congreso giró en torno al impacto sobre la salud mental de la crisis socioeconómica, que había estallado cinco años antes, producto de la voracidad de un sistema económico autodestructivo. Su posterior mala gestión tuvo unas consecuencias dramáticas. Por un lado, provocó una mayor desigualdad social y, por otro, una disminución de recursos públicos (los vergonzosos recortes) con un fuerte impacto en la sanidad y los servicios sociales. Inmersos ya en una nueva crisis, sabemos que las secuelas todavía no corregidas de la anterior están resultando literalmente letales en las actuales circunstancias.

El proceso de preparación del congreso permitió efectuar un análisis pormenorizado de las repercusiones de la crisis socioeconómica en la salud y realizar un inventario de las respuestas por parte de los profesionales y de la comunidad. Tres grupos trabajaron intensamente durante dos años con diferentes metodologías sobre esta temática, elaborando documentos, que fueron presentados al congreso. Siete años después, las recomendaciones son plenamente vigentes y aplicables a la situación actual.

Tras valorar los diferentes indicadores del efecto de la crisis, se constató el papel destacado de los movimientos sociales como herramientas de empoderamiento y resistencia, sin las cuales las consecuencias emocionales en la población todavía hubieran sido peores.

Frente a una respuesta profesional a los trastornos derivados de la crisis de carácter defensivo, como puede ser la minimización o una gestión asistencial puramente farmacológica, el posicionamiento profesional debe ser de apertura a la comunidad, compartiendo y estimulando sus valores más positivos: la solidaridad, la creatividad y la inclusión. Asimismo, se puso de relieve la necesidad del trabajo en red y la auténtica colaboración entre los servicios sociales y los sanitarios. En este sentido, la conferencia de Mercè Ginesta fue clarividente y merece ser releída.

Se habló bastante de los valores éticos de los profesionales y las instituciones como fundamento para sostener una tarea difícil y a menudo poco reconocida.

Se lanzó una propuesta participativa: que los usuarios, los familiares, y los profesionales junto con los ciudadanos en general, sean agentes activos en el diseño de mejoras en una atención digna y eficaz a los problemas de salud mental de nuestra sociedad.

Hacer un balance sobre la implementación de estos planteamientos siete años después es complicado, ya que las circunstancias de los dispositivos y de los territorios son muy variadas. A pesar de ello, se puede afirmar que la salud mental comunitaria se ha ido consolidando como un modelo necesario para la prevención y la intervención en la complejidad de los trastornos de salud mental. Asimismo, la participación de los afectados en el propio cuidado con el respeto de su autonomía, es un valor cada vez más asentado en la relación asistencial.

Para concluir y a modo de síntesis, el congreso sirvió para reflexionar sobre las respuestas a los importantes efectos que las crisis socioeconómicas tienen sobre la salud mental y estar preparados para atender las situaciones traumáticas que se derivan de ellas.